Lucha por la vivienda y lucha de clases: afectadas somos todas

Desde hace más de cinco años, el movimiento por la vivienda digna ha sido un referente de lucha en todo el estado español. Quizá uno de los mayores logros alcanzados sea el reconocimiento unánime de gran parte de la sociedad, al visibilizar de manera clara la dramática situación en la que se encuentra el derecho a la vivienda. El hecho es que una gran mayoría de la sociedad apoya las acciones de los diversos colectivos por la vivienda digna contra cualquier forma de especulación inmobiliaria, desde encierros en sucursales bancarias hasta la okupación de edificios de bancos y especuladores, algo que hace unos años parecía impensable.

Hay que reconocer aquí el papel fundamental que ha jugado la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), centrando sus reivindicaciones en la lucha contra la estafa bancaria, consiguiendo llegar a amplios sectores de la opinión pública y legitimando la lucha contra los desahucios. Sus demandas principales, entre otras, han sido la paralización de desahucios, la dación en pago y el alquile social, exigencias que se llevaron al Congreso en forma de ILP hipotecaria, apoyada por más de un millón y medio de ciudadanas.

Aún quedando mucho por hacer en este sentido, hay que destacar el éxito de la PAH al conseguir llevar estas reivindicaciones a la agenda política. No hay que olvidar, además, que conseguir agrupar a miles de personas y familias en riesgo de desahucio haciéndoles ver que no se trata de un problema individual sino colectivo es quizá, políticamente, uno de sus logros más importantes.

En paralelo y poco a poco, la lucha por la vivienda digna para todos y todas ha trascendido el ámbito de las hipotecas y los desahucios de los bancos. Muchas PAH, en especial en Catalunya, añaden a esas siglas la C de crisis o la D de desempleo. Se amplía, por tanto, el ámbito de lucha mas allá del tema hipotecario y se empieza a asumir que Stop Desahucios son todos, sea su origen el impago de la hipoteca, del alquiler o habitar en una vivienda okupada y recuperada al mercado especulador.

La lucha por la vivienda digna para cualquier persona, cuente o no con recursos para pagarla, se revela no solo como la defensa de un derecho inalienable sino como una parte fundamental, aquí y en 2014, de la lucha de clases. Se contrapone un derecho, el derecho a la vivienda, al derecho a la propiedad, base del sistema capitalista. El movimiento por la vivienda se enfrenta a los Bancos -claros representantes del capital- pero igualmente a empresas inmobiliarias especuladoras y también a instituciones locales y autonómicas que, como en Madrid, sirven a los mismos intereses, desahuciando familias vulnerables y vendiendo el escaso parque público de viviendas sociales a fondos de inversión conocidos como “fondos buitre”.

En el movimiento de vivienda de Madrid, se da una complejidad mayor que en otros lugares, con una estructura de lucha articulada en grupos de vivienda de barrios y pueblos y otros colectivos y una menor hegemonía de la PAH. Estos colectivos impulsan, por poner varios ejemplos, campañas por los derechos de las inquilinas, en defensa de la okupación, campañas antirepresivas, en defensa de los derechos laborales, etc..

En la práctica, las recuperaciones de edificios de la denominada Obra Social PAH en Madrid también están, casi en su totalidad, promovidas por las asambleas y grupos de vivienda de barrios y pueblos surgidas del 15M, algunas con denominación PAH -de cada barrio o pueblo- y otras Grupo de Vivienda, partiendo de la diversidad de espacios políticos existentes.

La mayor parte de los colectivos Stop Desahucios han interiorizado que esta lucha no es una lucha individual de una o varias “afectadas” -hipotecada en riesgo de desahucio inminente-, sino que es una lucha colectiva de toda la clase trabajadora, y la organización en los colectivos de barrio y en la mayoría de las PAH refleja esta realidad, partiendo de la igualdad entre sus miembros, sin hacer ninguna distinción entre “afectadas” y “activistas” dentro del colectivo.

Todas somos afectadas por la mercantalización de la vivienda que realiza el capitalismo, igual que todas somos afectadas por la privatización de la sanidad -estemos enfermas o no- y todas somos afectadas por la eliminación de los derechos que conllevan las sucesivas reformas laborales -tengamos trabajo o no-. Perder ese “afectadas somos todas” sería perder la perspectiva de clase. Esa perspectiva de clase que está haciendo de la lucha por la vivienda, en cada barrio, un eje de la lucha contra el capitalismo y una escuela de educación popular en la que el aprendizaje es colectivo y el apoyo mútuo es siempre bidireccional. No está de mas señalar que son familias y personas trabajadoras quienes sufren los desahucios y cómo la creciente conciencia de clase se refleja, incluso, en el habitual grito de “Rescatan al banquero, desahucian al obrero” y en la recuperación y generalización, en cada Stop Desahucio y acción de vivienda del “Viva la lucha de la clase obrera”.

En los grupos de vivienda de barrios y pueblos así como en la inmensa mayoría de las PAHs, la estructura de trabajo y toma de decisiones es asamblearia y horizontal. Vivimos tiempos de liderazgos colectivos, de empoderamiento a través del aprendizaje y del apoyo mutuo, de la valoración del “nosotras y nosotros” sobre el “yo”. Cada persona que se acerca e incorpora a un grupo de vivienda o PAH de su barrio o localidad NO es acogida como “usuaria a atender por el abogado”, mucho menos como “afectada a tutelar y hasta compadecer por el grupo” sino como compañera que inicia su proceso de pasar del problema individual al colectivo y defender activamente su derecho y el de todas y todos. El intercambio de experiencias, el apoyo mutuo, el análisis de situaciones y la definición de las estrategias de lucha para cada caso, son la parte sustancial de cada asamblea.

Contradictoriamente a este modelo hay algunos colectivos y espacios (pocos) con una mirada diferente de la lucha por la vivienda contra los desahucios. Espacios en los que la toma de decisiones no está, probablemente, en la asamblea sino en “equipos de cooordinación” o en dirigentes “de larga trayectoria y reconocido prestigio”. Abogados y abogadas, poseedores del “conocimiento técnico”, pasan a definir las estrategias de negociación y de resistencia. El o la afectada, lógicamente en un momento de brutal vulnerabilidad, se apoya al 100% en “su abogado” (el que “sabe”, el que tiene un conocimiento superior).

En este otro modelo de actuación, las decisiones colectivas, la asamblea, pasan a un segundo término y compañeras y compañeros de esa y otras asambleas de apoyo pasan a ser “activistas” cuya única función es poner el cuerpo ante la policía en los Stop Desahucios. Nada mas lejos de la lucha colectiva que este modelo que establece una distinción de clase entre “afectados” y “activistas” entendiendo, además, que afectada es la persona que vive en ese momento su desahucio.

Se reproducen de esta forma las relaciones capitalistas dentro de colectivos que, en teoría, pretenden cambiar el sistema. Se rompen así principios de solidaridad de clase, transformando la lucha colectiva en asistencia a los afectados que están en riesgo de perder su casa. Es un modelo asistencialista que incluso, en algunos casos, puede llegar hasta a romper la resistencia decidida colectivamente. Deciden “los que saben” -abogados o dirigentes- . No es lucha colectiva y por tanto, no es lucha de clases.

Luchamos contra el capitalismo en sus múltiples formas. Sabemos que en esa lucha no nos salvaremos de una en una. Ni se salvarán, solas, las personas afectadas por hipotecas. Tampoco inquilinas. Ni siquiera okupas. No serán dirigentes quienes nos salven. El conocimiento de las leyes (que no son sino las leyes de este sistema, no las nuestras) es una herramienta más a utilizar, que nuestras compañeras abogadas y abogados nos ofrecen como apoyo, pero cuando ellos y ellas son activistas no quieren ni protagonismo ni tomar decisiones que corresponden al colectivo.

Nos salvaremos por la lucha colectiva, nos salvaremos acabando con el capitalismo que mercantiliza un derecho de todas como el derecho a la vivienda. Todas somos afectadas por la inexistencia de ese derecho, todas somos afectadas por la crueldad del capitalismo. Y todas somos -o debemos ser- activistas en la lucha colectiva.

Oficina Vivienda Madrid CNT PAH