1 de mayo contra el trabajo

En este Primero de Mayo volvemos a recordar a los compañeros de Chicago y a destacar su lucha contra el trabajo, “el sistema del salario causante de todas las iniquidades tan monstruosas que claman al cielo”.

No es casualidad que el origen de la palabra “trabajo” lo encontremos ya en el siglo XII asociada a un instrumento de tortura, “tripalium”, para castigar esclavos. Y eso somos, esclavos, trabajadores, explotados, y queremos dejar de serlo. No hay orgullo en la esclavitud a la que nos somete el trabajo, ni mejora o reforma que pueda sacarnos de ella. Toda nuestra vida está determinada por el imperativo del trabajo y nuestra lucha por la libertad no puede continuar reducida a pequeñas victorias sobre la producción. Destruir el trabajo, y no autogestionarlo, es nuestro objetivo.

Hubo un tiempo que unos hombres y mujeres libres se resistieron al nuevo orden económico y social que les empezaba a imponer la domesticación industrial. De esto hace ya casi dos siglos y aquí estamos hoy recordando también a quienes ya entonces entendieron que no hay otra forma de combatir la explotación que destruyendo lo que nos oprime. La represión brutal que sufrieron acabó con este movimiento luddista, y desde que fueron derrotados estamos atravesados por el triunfo de la lógica industrial, que no solo se reduce a la fábrica sino también a nuestro tiempo fuera de ella y a la manera en que nos organizamos para luchar contra la explotación. Hemos llegado a un punto de sometimiento que ya no medimos nuestra libertad en base a nuestros propios deseos y anhelos, sino que es el trabajo y la posición que este nos otorga en el mundo, tanto si lo tenemos como si no, que ya hasta nuestro tiempo libre está alienado y solo se desarrolla en oposición al trabajo, a pesar del trabajo o gracias a él. No trabajamos más que para vernos libres del trabajo, y nuestro tiempo libre no es ya más que un tiempo para poder soportarlo.

El trabajo es una imposición, comer hay que comer, es un orden social impuesto para beneficio de unos pocos, es un instrumento de poder que debe ser destruido para que algún día podamos comer sin necesidad de que el sistema del salario y quien lo ordena mande sobre nuestras vidas.

No podemos seguir midiendo nuestra libertad en base a los instrumentos de explotación del capitalismo, nuestra lucha no puede seguir secuestrada en las mejoras que demandamos del trabajo por más tiempo. Hay que defenderse de los ataques del capitalismo allí donde haga falta y no dejar de generar conflicto dentro y fuera del trabajo, pero no olvidemos que muchos compañeros y compañeras murieron para destruir el sistema del salario, no para mantenerlo.

Es Primero de Mayo, y gritamos: ¡Muerte al trabajo!