Amparo al fascismo

Los fascios nacieron en Italia a comienzos del siglo pasado, al calor de las huelgas y las luchas obreras que en el país reclamaban y conquistaban poco a poco la democracia directa. No nacieron ni en el seno de estos movimientos ni como dinamizadores, sino todo lo contrario, como frontales opositores a la revolución que se irradiaba y al ansia de progreso.

El fascismo, término genérico que acuñó el pensamiento de aquellos grupos, era una respuesta correctora de la burguesía, una contra-revolución y, en definitiva, un movimiento contra la ascensión creciente de conquistas por parte de las clases inferiores.

Este germen burgués fue derivando también en una lucha contra la democracia y en favor de la divinidad (“por la gracia de Dios”) y la superioridad ficticia de ciertas razas.

Con una rápida implantación a través de partidos fascistas en todos los países europeos, y después de engendros que salieron incluso del control de sus propios creadores, los fascios brotaron una y otra vez con fuerza ante los mismos síntomas que los crearon: el avance y el progreso de los trabajadores y las trabajadoras. Ciclos repetitivos que fueron posibles gracias al apoyo de los poderes estatales, que dieron cobertura económica y represora para su desarrollo.

Pero el pasado nos lleva al presente, porque la situación al respecto del fascismo no ha cambiado un ápice: con un movimiento contestatario cada vez más organizado, con una apuesta sincera y creciente por la horizontalidad y la autogestión y con victorias de la clase trabajadora que no pueden ser controladas por el sistema,  el Estado tiene que volver a corregir esta deriva. Y así es como aparecen sentencias judiciales cómplices, empresarios donantes de fondos o medios de comunicación que actúan bajo los dictados de los de arriba para aumentar la criminalización.

Los aparatos del poder sueltan los resortes necesarios para que, en la calle, los grupúsculos de esa calaña hagan su papel, que no es otro que reorientar el descontento y la rabia hacia quienes no son enemigos y también ejercer la violencia más tétrica y salvaje con total impunidad.

El amparo del que disponen estos lúgubres grupos en Madrid es tal que se les está permitiendo disponer de un edificio (propiedad de Domo Gestora) para lanzar sus mensajes de odio y desarrollar sus actividades que, seguramente, muy pronto resultarán en violencia ante cualquiera que sea distinto a ellos.
nazis

Los fascios, como sus padres y madres los capitalistas, siempre fueron enemigos de la diversidad, la alegría, el progreso y las conquistas sociales, por eso hay que volver a pararles y desalojar a esos canallas de Bretón de los Herreros, de Chamberí y, en definitiva, de Madrid.

Somos trabajadores y trabajadoras, por eso somos antifascistas.

FUERA FASCISTAS DE CHAMBERÍ
FUERA FASCISTAS DE MADRID

SINDICATO DE TELECOMUNICACIONES Y SERVICIOS INFORMÁTICOS (STSI)

CNT-AIT DE MADRID

[web]: www.stsi-madrid.org
[email]: informatica.madrid@cnt.es
[twitter]: @cntmadridinform
[facebook]: facebook.com/CNTinformaticaMadrid