En camino hacia el comunismo libertario

Las últimas reformas laborales impuestas por los gobiernos del PSOE y el PP a modo de rodillo (esclarecedora paráfrasis de la democracia), han venido a significar la muerte terminal de los maltrechos derechos que aún disponíamos los trabajadores. Después de estos terribles envites perpetrados por los políticos, con la tutela y la supervisión de los lobbies capitalistas, la clase empresarial ha logrado finalmente dos ansiados logros que venía persiguiendo para los despidos en este país: la carta blanca y la cuasi-gratuidad. Estos dos pilares de las reformas han sido además acompañados de brutales recortes en los sueldos y en las ayudas, de subidas en los impuestos directos e indirectos, de liberalizaciones en comercio y transporte para favorecer a los más poderosos, etc.

En nuestro sector, el de las telecomunicaciones, la informática y las tecnologías de la información, el saqueo a la fuerza productiva, al trabajador, se ha convertido en un festín: las horas extras y los turnos, el principal azote de nuestro entorno laboral, son ahora la coartada perfecta para el despido procedente; los subcontratados, ya debilitados de por sí, han quedado expuestos a los propósitos unilaterales del patrón; la rebaja en los sueldos por capricho del empresario se ha extendido detrás del pretexto de la destrucción de empleo.

Es por tanto indiscutible que la precariedad y la carestía se ha agudizado con estas reformas hasta un límite crítico e insostenible pero, además, la dignidad de nuestros oficios, y por ende la nuestra propia, ha sido socavada de forma sutil y viperina. La cacareada competitividad y productividad ha sido el principal objetivo con el que el gobierno y su cortejo han enmascarado todas las tropelías que están cometiendo pero, en realidad, están siendo los dos factores nefastos que está llevando a nuestro oficio hacia la deshumanización más cruel y tétrica.

Los trabajadores, la Confederación Nacional del Trabajo y, en concreto, nuestro sindicato, han reaccionado ante estas agresiones plantándose en la calle, entre iguales, con mayor o menor acierto, pero con la firme voluntad de combatir estas violentas agresiones.

Y es aquí, ahora, y en este entorno, donde se desenvuelve nuestra lucha; un contexto entrópico donde emergen convocatorias espontáneas, llamamientos de los sindicatos del poder o movilizaciones provocadas por intereses de fuerzas políticas de todo tipo. Ante este magma, la lucha de los anarcosindicalistas debiera ser inteligente, firme y de objetivos nítidos, con capacidad de adaptarse a cada situación puntual y sacar el máximo provecho. Una lucha, y un mensaje, que no se diluya entre siglas y banderas, coherente, vigoroso y reconocible, con la brillantez característica de la idiosincrasia libertaria.

En avance de unos meses en los que se vislumbra un recrudecimiento de las condiciones de los trabajadores, y por tanto de la respuesta combativa de este sindicato, el trazado de un plan de acción para este camino resulta urgente e imprescindible. Los anarcosindicalistas no deberíamos nadar a la zaga de los movimientos contestatarios, acudiendo aquí o allá sin saber muy bien en calidad de qué lo hacemos, puesto que terminaría por resultar exhausto tanto para los militantes como para el sindicato, además de posicionarnos lejos de nuestro objetivo. Nuestra estrategia, concreta, específica y delimitada, debiera ser la fuerza fulgente que, yuxtapuesta a nuestros métodos y convicciones, nos acerque a nuestra meta. Si no meditamos y discernimos cuál va a ser nuestro camino y en qué manera vamos a transitar por él, no podremos llegar a nuestro destino.

La CNT, por su carácter y sus anhelos, está comprometida con la lucha social, así lo demostramos sus militantes y afines, pero a veces nuestros deseos y propósitos se extinguen y confunden en el trayecto.

¡En camino hacia el comunismo libertario!